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El
polémico GORE VIDAL, analiza al presidente BUSH y hace
una durísima crítica a su política, así
como al american way of life. Afirma que el poder estatal
va a aumentar peligrosamente, a raiz de los atentados de las
torres gemelas. Y que la línea que separa la "democracia"
de la dictadura está empezando a desaparecer en Estados
Unidos.
ZANU, Noviembre 2001
(...)
Se
trata de un hombre que, a fin de cuentas, ha conocido a los símbolos
que han definido los Estados Unidos del siglo XX y que ha influido
en ellos. Fue amigo íntimo de más de un presidente,
sufrió los ataques de Norman Mailer (tanto por escrito
como en plena cara) y fue confidente a la vez del terrorista
que puso la bomba en Oklahoma y del presidente Bill Clinton.
(...)
A diferencia de toda esa gente que se ha apresurado a manifestar
su total adhesión al presidente, Vidal mantiene vivo su
mordaz desprecio por este tipo. Su padre ya fue «un caso
perdido» y «cuando se tiene un caudal genético
de baja calidad, no hay forzosamente que hacerlo más hondo
para tirarse en él de cabeza, si se me permite completar
esta grotesca metáfora».
A
ojos de Vidal, Bush ha sido incapaz de ponerse a la altura de
las circunstancias a raíz de los ataques terroristas.
«Para los que tenemos buen ojo y buen oído para
las notas falsas, cada una de sus notas es auténticamente
falsa».
No
es sin embargo su discurso, deslavazado e incoherente, lo que
tiene más consternado a Vidal. «No, no; yo le juzgo
por las medidas que toma. Evidentemente, su exigencia de que
se le concedan todos esos poderes especiales nos mete hasta el
cuello por el mismo camino que llevó a la Ley de Plenos
Poderes de Hitler en 1933. Eso es lo peor que podía hacer».
Vidal
considera que los nuevos poderes que Bush ha demandado para combatir
el terrorismo van a acabar con la Declaración de Derechos.
«Ahora resulta que van a poder meter en la cárcel
a todo aquel que se les ocurra, que van a imponer silencio a
todo aquel que les venga en gana. ¡Esos poderes, los poderes
con los que cualquier Estado soñaría, los va a
administrar ahora esta gente! El Estado va a salir de ésta
con un poder desmedido, absolutamente desmedido, y nosotros,
los ciudadanos, con el concurso del Congreso o sin él,
vamos a salir mucho más debilitados. Dicho esto, diré
también que nos sentimos orgullosos del hecho de ser los
Estados Unidos de la Amnesia. Al día siguiente, no nos
acordaremos de nada».
Lo
que ha terminado por aflorar es nada menos que «un estado
policial. No caben eufemismos... El fiscal general puede
ya tomar medidas contra un terrorismo que nunca nos han descrito.
Es como aquello de Hitler, de las actividades no germánicas.
¿En qué consiste una actividad no germánica?».
Todo
esto encaja en el contexto más amplio de lo que Gore Vidal
define como una república norteamericana en fase de destrucción
progresiva desde el Gobierno de Truman, cuando grupos cada vez
más represivos empezaron a apoderarse de las diferentes
manifestaciones del poder gubernamental y pasaron a controlarlas.
Es
este contexto histórico el que le lleva a condenar el
nuevo imperialismo norteamericano que se ha lanzado con entusiasmo
a la invasión de Afganistán. «No se me ocurre
que pueda salir nada bueno de un país que se siente tan
en posesión de la verdad que está dispuesto a imponer,
de grado o por la fuerza, su sistema de vida al resto del mundo».
Lo
cual es particularmente cierto en el caso de Estados Unidos,
el sistema político más corrupto del planeta. «No
entiendo cómo todavía tenemos la desvergüenza
de hablar y hablar de democracia. Nuestra forma de democracia
es el soborno, a la mayor de las escalas.
(...)
No somos una democracia, y no tenemos absolutamente nada que
ofrecer al mundo en lo que se refiere a ideas políticas
o a medidas políticas. Pero, ¡por Dios, si mentar
aquí la Justicia es como mentarle los dientes de ajo al
conde Drácula!».
No
conoce fronteras su desdén por la degeneración
en que ha caído su patria. Apunta, por ejemplo, que Naciones
Unidas sería «más fuerte si expulsara de
su seno a Estados Unidos. Estados Unidos estaría entonces
en otra órbita absolutamente aparte».
Tampoco
le asusta seguir llamando la atención sobre la ilegitimidad
del presidente George W. Bush: «Como mínimo, el
Senado, que es al que le corresponde hacerlo conforme a la Constitución,
tendría que haber llevado a juicio a cinco magistrados
del Tribunal Supremo por haber adjudicado la Presidencia a Bush.
Desde luego, dos de ellos tendrían que haberse retirado
del caso por propia decisión. La mujer de Clarence Thomas
estuvo trabajando en la contratación de personal para
el Gobierno de Bush; ése es uno que no debería
haber formado parte del Tribunal. El hijo de Antonin Scala estaba
trabajando en el bufete de abogados que representó a Bush
ante el Tribunal Supremo. No se ha hecho nada. Sin esos dos,
la decisión se habría inclinado del lado de Gore».
Todas
estas críticas podrían utilizarse fácilmente
para acusar a Gore Vidal de antipatriota o bien, si se opta por
colocarle la más manida de las etiquetas, de estar del
lado de los terroristas. Sin embargo, se muestra manifiestamente
encolerizado ante la naturaleza cruel del ataque terrorista del
11 de Septiembre: «Estoy en contra de la pena de muerte
en general y, sin duda alguna, estoy en contra de su privatización».
Lo
que él pretende es ver más allá de las imágenes
espectaculares, tanto de las primeras, con los ataques terroristas,
como de las de las represalias norteamericanas. «Mi misión
consiste en tratar de hacer que la gente comprenda por qué
ocurren las cosas. Vivo en un país en el que a todo
el mundo se le inculca, desde su nacimiento, que nunca pregunte
por qué. Ese individuo es el mismísimo diablo;
ésa es la razón por la que hizo lo que hizo. Esa
es la respuesta. Ese tipo es un demonio. Sólo con personas
de un nivel de educación profunda y totalmente inexistente
podría alguien persistir en semejante manera de razonar.
Yo soy un protestante auténtico, así que protesto
por tanta ignorancia. Y ésa es mi misión, nada
popular, desgraciadamente».
Tiempo
atrás, Gore Vidal fue un crítico feroz del respaldo
de Estados Unidos a Israel, lo que le ha granjeado las consabidas
acusaciones de antisemitismo.
¿Tiene
la sensación de que los ataques terroristas constituyen
el precio que Estados Unidos ha de pagar por su apoyo a la causa
sionista? «En parte, sí, pero, en el caso de Bin
Laden, se trata de algo más complejo... Lo que ha provocado
la reacción de ese hombre ha sido la Guerra del Golfo
y la actitud de la familia real saudí de autorizar a los
norteamericanos que establecieran una base militar... Para Bin
Laden, eso representaba un sacrilegio. Se trata de la tierra
santa del profeta y los infieles no pueden estar allí
bajo ninguna circunstancia... Bueno, yo diría que ese
hombre está mucho más enfadado con la familia real
saudí que con George W. Bush o con los estadounidenses
en general. Nosotros no somos más que un instrumento ajeno
que está alimentando una serie de elementos heréticos
en su mundo».
No
comparte Vidal la descripción que los medios de comunicación
hacen mayoritariamente de Bin Laden como un fanático.
«No ha dado ninguna muestra de fanatismo en ninguna de
las historias que me han contado sobre él: parece más
bien un seglar, lo que implica que quizá forme parte de
un grupo. A mí me parece más como si fuera el consejero
delegado, un organizador que recauda dinero, se encarga de las
ventas y todo eso y que luego echa mano de esos enloquecidos
que se suben ahí arriba y estrellan los aviones contra
edificios».
Vidal
trasluce un cierto grado de admiración por la forma en
que Bin Laden ha sabido marcar los tiempos, cuando habla de «la
brillantez de la operación, de la oportunidad de asestar
el golpe cuando la depresión acaba de afectar a Estados
Unidos y permitimos que vayan a la calle miles y miles de trabajadores.
Europa está a punto de estrenar el euro, que yo creo que
se va a convertir en el caos más formidable de todos estos
últimos años. ¿Se da cuenta qué momento
de desconcierto tan tremendo ha elegido Bin Laden para llevar
a cabo sus planes contra Manhattan y el distrito de Columbia?».
Queda
también la posibilidad de que se buscara adrede provocar
a Bin Laden. Un diplomático paquistaní ha afirmado
que Estados Unidos amenazó en julio con invadir Afganistán
para atrapar a Bin Laden, lo que quizá signifique que
el ataque terrorista al World Trade Center fuera en realidad
una acción preventiva.
Vidal
ha dedicado los últimos años a demostrar que Franklin
D. Roosevelt provocó conscientemente el ataque a Pearl
Harbor. ¿Es entonces de la opinión de que el siguiente
gran ataque a territorio estadounidense, sesenta años
más tarde, pudo tener similares características?
«Bueno, eso es lo que analizábamos cuando le dispararon
a Kennedy. Algunos que le conocíamos y que conocíamos
Washington sabíamos también que Bobby Kennedy y
él se habían empeñado en acabar con Castro
desde lo de Bahía de los Cochinos. Lo primero que pensamos
era que Castro se les había adelantado: al presidente
lo había matado él. Bobby, que era en aquel entonces
el fiscal general del Estado y que siguió en el puesto
durante un año, lo que quiere decir que tenía al
FBI bajo su responsabilidad, nunca lo investigó. No le
apetecía nada meterse en ese asunto por miedo a que los
hermanos Kennedy se vieran implicados en algo. Así pues,
nunca se investigó ese caso de asesinato».
Entonces,
¿sería verosímil que hubiera mediado una
provocación parecida de George W. Bush? «Sí,
perfectamente verosímil».
(...)
«Es
muy importante comprender por qué un hombre hace lo que
hace. Lo mismo puede decirse de Timothy McVeig, el terrorista
de Oklahoma. Si Castro hubiera estado detrás de los asesinatos
de los Kennedy, que no es así, tendríamos que reconocer
que habría tenido sus razones. Los hermanos estaban empeñados
todo el tiempo en asesinarle». En ese caso, según
lo ve Vidal, Bin Laden no haría sino dar una respuesta
a la política exterior de Estados Unidos.
Parece
que las acciones terroristas han intensificado la tendencia de
Vidal al aislamiento. Ha expuesto coherentemente su razonamiento
de que Estados Unidos debería dar marcha atrás
en sus obligaciones para con la Alianza Atlántica, Kosovo,
Oriente Próximo y otros lugares conflictivos. Su visión
es diametralmente opuesta a la de una «comunidad mundial»
que defiende el primer ministro británico, Tony Blair.
Vidal descalifica los planes de Blair porque los considera «manifiestamente
virreinales» e impracticables «salvo que te dediques
a elaborar una especie de anteproyecto de Gobierno mundial».
Según él, el primer ministro británico está
convencido de que «a los británicos les gustaría
que les consideraran una gran potencia, un gran imperio...».
Lo
más positivo que podría hacer Estados Unidos, en
opinión de Vidal, sería parar la guerra. Está
convencido de que «todos los que están al sur de
la frontera con Rusia» son «maniático-religiosos»
y que «bien pudiera ser que a nosotros nos hubieran dado
un aviso sin tener el carácter de una provocación.
No provoquemos, pues. Ese es el mensaje que yo creo que debo
transmitir acerca de la política de Estados Unidos. El
problema está en la provocación permanente en la
que incurre Estados Unidos, que en general no obedece más
que a la más completa ignorancia».
En
la actualidad, Vidal vive en un exilio que se ha impuesto a sí
mismo, en la cima de una montaña de Italia. De vez en
cuando manda unos cuantos obuses intelectuales al otro lado del
Atlántico: ideas de una penetrante agudeza que ponen de
relieve la acomodaticia falsedad de la mayor parte de la cultura
estadounidense. Incluso en un momento como éste, cuando
Estados Unidos podría finalmente verse obligado a reconsiderar
su identidad, sus compatriotas hacen oídos sordos a sus
bien fundados argumentos.
(...)
Texto
completo disponible en:
http://www.elmundo.es/2001/10/28/mundo/1065023.html
Más
información:
http://www.vespito.net/mvm/prolvidal.html
http://www.libreopinion.com/accionchilena/gorevidal.htm |