|
Desde
luego, lo más impresionante es que Forrester afirma que
se quedó corta contrastando la realidad.
Ya se comentó en la recientemente desaparecida AJOBLANCO:
en realidad, vivimos una dictadura encubierta de democracia.
Por que, ¿cómo es posible que en 1960 la diferencia
de ingreso entre el quinto de la población mundial que
vive en los países más ricos y el quinto de la
población más pobre fuese de 30 a 1, y ahora en
1999, sea de 82 a 1?
[Datos
de Revista Autogestión, Febrero-Marzo 2000, nº32]
Esto lo único que quiere decir es lo mismo que se ha venido
diciendo siempre: el sistema avanza hacia un modelo en el que
los ricos serán cada vez más ricos y los pobres
cada vez más pobres.
Zanu, 2000
Extracto
de la entrevista:
VIVIANE
FORRESTER ESCRITORA
"La
paridad es un debate para las que les van bien las cosas"
MARGARITA
RIVIÈRE, París
(...) ha pasado tres años viajando por todo el mundo contrastando
con la realidad lo que escribió. "Me quedé
corta", dice hoy desde su casa de París. Su nuevo
libro Une étrange dictature, a punto de salir en
Francia, es un alegato "contra la dictadura, el totalitarismo,
la especulación económica que destruye la economía
de mercado y la política democrática".
Al hilo del debate de estos días, Forrester se define
contraria a la paridad obligada por ley ya que "lo más
importante para las mujeres y es algo de lo que hoy casi no habla
nadie es que a igual trabajo igual salario. (...)
Creo que la paridad es un debate para mujeres a las que ya les
van bien las cosas. La paridad significa una cierta discriminación
y humillación para las mujeres, y aunque comprendo muy
bien que se reivindique la paridad porque, efectivamente, hay
un desequilibrio, pienso también que dentro de cincuenta
años encontraremos ridícula esta reivindicación".
Fue la estrella de Davos el año pasado y se ha atrevido
a llevar la contraria a los banqueros e ideólogos de la
globalización. "Escribí El horror con miedo
a hacer el ridículo, pero era lo que pensaba. Hoy he visto
la reacción de muchísima gente ante las tesis del
El horror que mostraban como la economía ultraliberal
no duda en excluir a las personas con tal de hacer beneficios,
como es el caso de esas empresas que cuando despiden a miles
de empleados sube su cotización en bolsa. Es el síntoma
de que estamos ante una extraña dictadura...
¿Cómo describe esa dictadura?
Mi nuevo libro trata de la mundialización, que es una
palabra que no quiere decir nada, salvo que alude al nuevo régimen
político planetario del ultraliberalismo. Y este es un
régimen que destruye tanto lo político como la
economía. Es una dictadura extraña porque vive
en el marco de la democracia, pero es un régimen tan poderoso
que es capaz de utilizar las libertades a su favor. Es dictadura
porque vemos que los políticos de todos los países,
sean socialistas o de derecha, forman parte del club ultraliberal
porque no pueden hacer otra cosa...
¿Por qué no pueden hacer otra cosa?
Todos los centros nerviosos de la sociedad están controlados
por este régimen que delega en los políticos para
que lleven a cabo decisiones ya tomadas de antemano en lugares
como la OCDE, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional...
que son los que manejan los presupuestos.
(...)
Estoy a favor del Estado, no del estatalismo, pero hoy al Estado
lo están sustituyendo las grandes empresas privadas que
son como esos niños a los que se lo han permitido todo
y al final se vuelven locos y pierden el control. Perder el control
es perder de vista a las personas, sus necesidades, la realidad...
Hay mucho de estalinismo en lo que está sucediendo: basarlo
todo en un modelo de desarrollo, esa manía de las fusiones
y las opas para hacer casi monopolios, ¿no es estalinismo?
Lo más extraordinario es que todo esto suceda y sus responsables
se presenten como si no pasara nada. Y pasa, porque es un malísimo
camino: se va a la esclavitud.
¿Cree que críticas como las suyas sirven para
la regeneración del capitalismo?
Espero que no; no me gusta el capitalismo. Pero hoy sólo
hay capital financiero, es algo mágico e irreal: es una
anarquía del capitalismo. Al capitalismo clásico
se le podía combatir dentro de la democracia con contrapoderes
y ganaba el mejor: hoy, la mundialización no admite contrapoderes
ni entiende siquiera que se le pueda llevar la contraria, como
pasó en Seattle. Es una concepción totalitaria
y unívoca que, por ejemplo, utiliza la tecnología
no para liberar a la gente, sino como recurso especulativo.
Texto
completo disponible en:
http://www.elpais.es/p/d/20000206/sociedad/forrest.htm |