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RID
OF ME, de PJ HARVEY
Polly
Jean Harvey editó este disco en 1992, justo cuando Nirvana
apareció a nivel internacional con Nevermind |
En
pjh.org se pueden conocer
todos los datos de la discografía de PJ.
Rid of Me está grabado por Steve Albini y masterizado
por John Loder. Incluye un sexteto dirigido por el batería
Rob Ellis.
Para rosa pantopón es un disco fundamental. Actualmente
en el repertorio del grupo están Rid of Me, Missed, Man-Size
y Ecstasy.
Rid of Me (4:27) El disco arranca con un sobresalto. El
volumen es bajísimo y se escucha a PJ Harvey prácticamente
susurrando la letra. Así que todo el mundo sube el volumen.
De repente en el estribillo te quedas sordo porque entra potentemente
la batería y las guitarras distorsionadas. Incluye acoples
creando atmósferas opresivas. La doble caja aparenta un
ritmo diferente al 4/4 típico del rock, pero sólo
es apariencia. Missed (4:24) es una balada en la que destaca
el sonido de la guitarra y la profundidad del bajo. El estribillo
parece que no llega nunca, y se mantiene la tensión hasta
que estalla. El ritmo de la batería es buenísimo.
En Legs (3:39), Polly Jean despliega sus facultades de
voz desgarrándola y nos pone los pelos de punta. Detalle
para los baterías: ¿cómo toca Rob Ellis
los sonidos metálicos mientras lleva el tempo del ride?
La respuesta está en el vídeo REELING de PJ HARVEY,
realizado durante una gira.
Rub 'Til It Bleeds (5:03) tiene una base de blues que
se transforma en un huracán en 3/4. Hook (3:55)
es la efectividad. Primero por la guitarra ácida y luego
por el estribillo (con un magnífico hi-hat jugando con
el tiempo). El órgano final da el toque psicodélico.
Man-Size Sextet (2:15). La OSTIA. Un sexteto (dirigido
y arreglado por el batería Rob Ellis) en un disco de rock
underground. Todo es disonancia. Las primeras escuchas provocan
escalofríos por el sonido; después los provoca
la fuerza.
Bo-diddley en los 90: Highway '61 Revisited (2:57). Polly
Jean transforma la canción de BOB DYLAN y Steve Albini
saca un sonido genial. Una batería perfecta. En 50Ft
Queenie (2:23) aparece de nuevo BO. Precioso el ritmo del
ride durante toda la canción. Atención a la guitarra
ostinato. Desde luego es la reina de 50 pies. Yuri-G (3:28)
comienza con unos sonidos suaves y poco a poco sube la intensidad.
Magníficos arreglos de viola al principio. Una de las
mejores canciones del disco.
Man-Size (3:15). Probablemente mi canción favorita.
Comienza con un intrigante riff de guitarra. De repente una potente
batería (haciendo un desplazamiento con la caja). Sube
y sube y la intensidad aumenta hasta que llega el estribillo
"Maaaaan-Size". Suenan extraños acoples, una
especie de campana y acaba con la voz de Polly Jean, empalmando
con la siguiente canción: Dry (3:23). La más
comercial del disco; rock con una pizca de guitarra slide, tan
utilizada por PJ (influencia del blues).
Me-Jane (2:42). Auténtico Bo-diddley. Extremadamente
original en sus ritmos y paradas. PJ comienza susurrando mientras
intercala guitarrazos que se convierten en un rock guitarrero
apoyado en todos los acentos por la batería (una de las
mejores del disco). El estribillo es el mejor del disco. Si al
final el ritmo no te obliga a mover la cabeza arriba y abajo,
estás muerto.
Snake (1:35). La mejor batería del disco después
de Man-Size. PJ susurra, grita y escupe acompañada en
los coros por el batería. Para acabar, en Ecstasy
(4:26) se aprecia un sonido profundo e intenso, con una guitarra
que pone los pelos de punta. La voz de PJ es un auténtico
derroche de interpretación.
ZANU, 1999
Con la ayuda de http://www.diser.com/pjh/
podemos ver las críticas que recibió en su día
el disco:
Victor Malsonando, SPIRAL nº 3, Verano de
1993
En este disco Polly da la cara de verdad en la portada. Un mundo
interior desgranado en catorce frases de susurros y alaridos.
Ya los esperábamos todo y ellos afilaron sus uñas
y dientes para retorcernos de nuevo doblando la ración
de adrenalina. El lenguaje guitarrero se ha enriquecido (¿Albini?)
en la búsqueda de un sonido más extremo. Todo está
lleno de musculosos paisajes histéricos construidos sobre
reptantes riffs o logrados mediante efectivos altibajos de volumen.
Precisamente abren fuego con "Rid Of Me" cuya tensa
introducción es cortada por un brutal y ruidoso estallido
instrumental que me pegó un buen susto. Tras esto, el
disco queda atrapado en una montaña rusa donde lo único
estable es que cada tema tiene un elemento extraño, hiriente
o podrido que te obliga a reaccionar.
"Rid Of Me" y "50 ft Queenie" son lo más
hard de todo y atraen por sus furiosos y frenéticos coros
que destacan por encima de las retorcidas percusiones. Y es que,
como explica Polly, ella graba las demos muy altas y Robert creyó
que ese era el tono que debía dar cuando cantase. El resultado
roza la deformidad y hace más visible el escondido sentido
del humor de la banda. Además, Robert ha demostrado que
sus arreglos para "Man Size", ya ensayados en "Plants
and Rags" dotan de densidad al instinto primario de la poesía
de la chica más dura del showbiz.
Ahora sabemos que pueden sonar fuertes y desgarrados, esperemos
que la materia gris de nuestra Gran Artista Agitadora mude piel
y derrame la belleza del destrozo duro definitivo y descarnado
que todos deseamos.
Brainstorm, Mondo Sonoro nº 8, Mayo de 1995.
El-difícil-segundo-disco...¿un tópico?.
Ejemplos hay para rebatirlo o afirmarlo. Fijémonos en
Violent Femmes, una banda que tras un primer trabajo impactante,
no pudieron superar su propio listón en la segunda entrega.
Polly Jean Harvey se encontraba en esta misma situación.
Tenía que escapar de la futilidad que caracteriza a las
estrellas inglesas contemporáneas. "Rid Of Me"
despejó en su momento cualquier idea de "penúltima
sensación indie" que se tuviese sobre ella; porque
P.J Harvey, en su segunda obra, se descolgó con una obra
maestra.
"Rid Of Me" (la canción) comienza susurrante,
melodiosa, doliente; después golpea, estalla... del fondo
surge una histérica voz que lucha por un protagonismo
sólo alcanzado al final de la canción: "Chupa
mis piernas, estoy ardiendo. Chupa mis piernas soy toda deseo".
El resto viene solo, tiene vida propia. Las canciones se retuercen,
reptan, atrapan tu mente, te arrastran, te estremecen. Las quejumbrosas
y enfermizas entonaciones de la cantante se pelean con el palpitante
sonido del bajo, los asimétricos golpes de batería
y las ponzoñosas guitarras.
"Rid Of Me" es amargo, claustrofóbico, descarnado,
pervertido, incómodo. "Rid Of Me" duele.
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